lunes, 10 de mayo de 2010

Breve ensayo: Sherlock Holmes

 

En el 221 B de la calle Baker vivía el detective más famoso, ocurrente,  sofisticado, complicado y talentoso del mundo. Claro, Sherlock Holmes, nacido de la imaginación de Sir Arthur Conan Doyle por 1882 con su primera aventura: Estudio en Escarlata, la primera de cuatro novelas y sesenta y cuatro relatos sobre el detective.

Sherlock Holmes era cocainónamo y misógino. Cocainómano porque cuando no estaba trabajando en algún caso su mente se volvía perezosa y sólo la cocaína la mantenía activada y en constante ejercitación. Misógino, tal vez por su peculiar personalidad introspectiva pero abordadora y minuciosa o por su talento para inducir aspectos de las personas partiendo de deducciones para él evidentes, no confiaba en las mujeres, era descortés con ellas y parecía no interesarle la existencia de ese otro sexo en la humanidad hasta que conoció a Irene Adler, una hermosa mujer y tan o mas talentosa que el, llegando inclusive en una oportunidad a ganarle de mano en deducciones y resolver el famoso caso Escándalo en Bohemia antes que el afamado detective sellando así el interés de Holmes hacia esa interesante mujer. La mujer. No confiaba prácticamente en nadie más que en si mismo salvo, claro está, en el señor John H. Watson:

Era médico graduado de la universidad de Londres y participó como cirujano en el 5to regimiento de fusileros de Northumberland durante la segunda guerra Anglo-Afgana.

Posteriormente, en busca de un hospedaje en Londres cayó en la calle Baker y compartió habitaciones con el famoso detective transformándose así de médico a  cronista de las aventuras de Sherlock Holmes.

Todos los libros que refieren al detective son narrados por Watson, desde Estudio en escarlata, su primera aventura juntos, hasta El problema final incluyendo un sinnúmero de apéndices de aventuras escritas posteriormente a la muerte oficial de Holmes debido a las constantes demandas de sus fieles seguidores. Luego de esa última aventura mencionada no pararon de llegar cartas al domicilio de Doyle, prácticamente exigiéndole el retorno de Holmes y criticándolo por haberlo matado. No fue hasta 1901 (ocho años después) que vio la luz El sabueso de los Baskerville, quizás su aventura más famosa: Sherlock Holmes entra en su living, se encuentra con el doctor Watson y le dice “Eh Watson, ¿por qué está  tan sorprendido de verme?”, como si esos años o esa muerte no hubieran significado nada: Sherlock Holmes estaba tan vivo como siempre o mas vivo que nunca.

Su descripción física es tan particular como su personalidad. Pero es muy difícil hacerse de una idea fija: es de nariz aguda y ojos penetrantes, alto, delgado, frío e irónico, ingenioso e intelectualmente inquieto. Pero nos despista aún mas la reciente película de Guy Ritchie con una versión mas moderna del personaje.

Watson –¿quién mejor?- lo describió así al conocerle: Su estatura sobrepasaba los seis pies, y era tan extraordinariamente enjuto que producía la impresión de ser aún más alto. Tenía la mirada aguda y penetrante, [...] y su nariz, fina y aguileña, daba al conjunto de sus facciones un aire de viveza y de resolución.

No es ordenado en la vida cotidiana y toca el violín incluso, en los momentos mas inverosímiles. Sobre su familia, se conoce que tiene un hermano Mycroft (un tipo más inteligente que él pero perezoso y que trabaja en el Gobierno Británico).

Pero a semejante personaje hace falta ponerle un enemigo a la altura. Dicen que el valor de los héroes radica en el valor de sus enemigos y este es un ejemplo claro. Si bien Holmes ha desempeñado su papel de detective fácilmente si se quiere, a lo largo de casi todas sus peripecias en cierto caso da a conocer a su archi enemigo: El profesor James Moriarty: El Napoleón del crimen, La mayor mente criminal de Europa que se esconde detrás de una máscara de próspero y talentoso matemático situando su capacidad intelectual muy por encima de la de Holmes (según este indica).  Su eterno enfrentamiento es revelado en El problema final concluyendo este con el último choque decisivo entre los dos talentos con un final que, aunque quiero, no debo revelar.

 

La capacidad imaginativa de Sir Arthur Conan Doyle nos dió personajes, lugares, situaciones y circunstancias que me recuerdan a R.L. Stevenson en El extraño caso del dr. Jeckyll y mr. Hyde por cuando a las descripciones y a esa forma de narrar de un color inglés -melancólico u otoñal si se quiere- y de los países de su periferia haciendo mucho caso y referencias a los carruajes, las descripciones de las calles, la neblina característica de la zona, la hora del té y el comportamiento caballeroso de todos los personajes (incluso los malvados) por citar algunos ejemplos evidentes a la forma de narrar y concebir la vida en aquellas sociedades aunque de siglos pasados, lejos de los celulares, internet o televisión y cerca de los diarios, los libros y las conversaciones personales.

Por otra parte el personaje de Sherlock Holmes nos recuerda ciertas particularidades de aquel Funes, el memorioso de Borges, un tipo capaz de guardar en su mente todo, absolutamente todos los detalles hasta los mas minuciosos a su alrededor, transformando ese talento en una carga de alguna manera, tanto para un Funes como para un Sherlock.

Pero el detective de la calle Baker no tenía esa capacidad memoriosa tan amplia. Muy por el contrario, cree que el cerebro tiene una capacidad muy limitada de retención de conocimiento por lo cual, opta por no saber absolutamente nada acerca de ciertos temas (literatura, filosofía o astronomía) aludiendo a que prefiere guardar ese espacio a cosas más importantes (música, química o leyes).

Haciendo esta mención me gustaría concluir recomendando fervorosamente la lectura de estas aventuras donde, de una manera Quijotesca si se quiere, uno entra en contacto no solo con emocionantes y ocurrentes policiales, sino a un mundo donde la ética, la moral, la educación, la cordialidad, la honradez y el sentido de la caballerosidad están a flor de piel en cada renglón y son valores que hoy por hoy, parecen cada vez más lejanos.

Démonos una oportunidad, démosle una oportunidad a Sherlock Holmes de que resuelva alguno de sus casos y así, alguno de  los nuestros. Que nos enseñe a pensar. En sus numerosos casos no ha dejado de ayudar a quien tocara a su puerta y sin duda podrá ayudarnos a ser un poco mejores a nosotros mismos a través de la lectura de las aventuras del detective de la calle Baker, el detective más famoso del mundo.

 

Holmes

martes, 4 de mayo de 2010

Información y poder

 

Vengo de rendir un parcial de Derecho a la información –gracias Paqui y Ale por los aportes de última hora-. El examen constó de cuatro preguntas a desarrollar. Las tres primeras sin sobresaltos, pero la última, lejos de ser una pregunta rezaba únicamente:

4- Información y poder.

A lo largo de la historia argentina en materia de comunicaciones hemos trazado un derrotero algo inusual inclusive para Latinoamérica.

Desde el siglo XIX hasta la depresión del 30 fuimos sometidos a un control externo de las comunicaciones y los medios masivos. Tanto estos como la mayoría del sector empresarial e industrial. De ahí al 45, la producción sufrió, producto de la depresión un giro de inspiración nacionalista y populista en los medios masivos desembocando así en el Peronismo, quien se presentó con una fuerte intervención estatal hasta el 55, con la caída de Perón. Los 60`s y 70`s sufrimos extraños experimentos como fue la Teoría del desarrollo , mediante la cual, nuestro presidente Frondizi buscaba ensamblar al país a la Alianza para el progreso de Kennedy, y lograr mediante un “efecto imitación” el progreso tan ansiado por los argentinos en materia cultural, tecnológica y económica. Fracasó. Luego propusimos la teoría de la dependencia, optando entre los modelos de moda: el Keynesiano y el Marxista. No se sabe bien cuál elegimos, si bien tenemos en claro que el ganador fue el capitalismo mediante la invasión cultural: El Tío Sam al servicio de la conquista y la opresión.

Hoy en día, esto no se ve mas que profundizado a un límite impensado. La comunicación como un negocio, y sus oficinas, los medios masivos de comunicación están privatizados hasta la coronilla. Primero fueron los monopolios locales, luego las inversiones en el extranjero, luego vinieron las multinacionales y luego vino la transnacionalización, esto es, a grosso modo: Todo el mundo es de un par de tipos.  De unos pocas Holdings supranacionales, monstruos económicos de carácter impersonal que son dueñas de canales de televisión, de radios, de diarios (y solo hablando de comunicación) por todo el mundo, son los dueños de todo. Por ejemplo, las poderosas agencias de noticias, ¿Sabías que hay cinco grandes empresas de noticias en todo el mundo? Cinco grandes grandes, que controlan prácticamente todo lo que se dice e informa en cada país.  Lo que sabemos de la realidad es el capricho de un tipo en Hong Kong dueño o ni eso, que labura en la agencia que se aboca a Argentina…

El capitalismo y la ideología se unen para esconder una crisis detrás de un velo. ¿Pero, quien yace detrás de éste?

Sólo quienes tengan la capacidad adquisitiva necesaria para hacerse con los medios tendrán la posibilidad de expresarse, contrariamente como rezan las constituciones modernas (cualquiera, la de EE.UU, la de Francia, la nuestra). Porque el dinero da accesos. El dinero es poder. Y el poder difunde ideologías. No nos dejemos engañas más:

La información no es neutral. La información es poder.

Desde acá, desde Argentina le mandamos un saludo a nuestro jefe en Honk Kong.

 

Algo así contesté en el inciso 4.

 

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