Amigos, lectores,
Quienes alguna vez han pasado por la humilde morada de Aráoz y Mansilla comprenderán la gravedad del asunto.
Murió la muerta. Si.
Mis últimas palabras luego de topármela de sorpresa a oscuras en la escalera hace unos días fueron “¡Señora, prenda la luz, déjese de joder!”
Apareció su cuerpo inerte luego de que tras días de no ver ni su espíritu por las escaleras (cosa rara), llamaran a la policía y allí estaba, tirada boca abajo, igual de fea que siempre. Igual de muerta.
Nadie se dió cuenta porque el olor era el mismo de siempre.
El Bar le envía un cordial saludo en su viaje al más allá y espera que no vuelva a vengarse de sus vecinos del A.
Todavía abro la puerta con precaución, con idea de encontrarla ahí, pelotudeando con las llaves o el botón de la luz…
Nunca la olvidaremos (como para hacerlo, con el olor a mierda que dejó).
