Primera parte
Este asunto empezó como empezaron muchos otros. En Paseo del Sol tomando algo con alguno de los muchachos de Las Flores. Quizás sea la sana costumbre o quizás alguien mas allá de toda noción tire de las cuerdas. El caso es que siempre se termina ahí mas o menos de la misma manera. Sentados afuera juntando los cambios chicos (el único dinero que conocemos) para pedir una cervecita mas y estirar el buen rato por el tiempo que dure una mas entre varios…Un ratito.
Pero este día no fue tan así.
En realidad si fue mas o menos igual pero tuvo su salpicón de unicidad y se torno una sucesión de hechos que devino una noche normal a una noche muy extraña. Un hilo de llamativos fenómenos son la guía y los desencadenantes de la historia que voy a pasar a contar.
No estuve solo en el asunto por lo que tanto yo como Porelo somos fieles testigos de lo sucedido en tanto la cerveza nos haya permitido afirmar los hechos en la retina y tallarlos en algún lugar vacío del cerebro.
Fue un viernes. ¿Cuándo sino?
Yo había dormido la siesta por estar cansado del trabajo matutino al que me someto y me había preparado unos mates mientras hojeaba los diarios por Internet para ver de que iba la actualidad del país y algunas otras pequeñeces cuando apareció el famoso cartelito naranja que titila (tan peligroso esos días a esas horas).
Era Porelo: Donde estas, que haces, que vas a hacer…
Las cartas ya estaban jugadas y yo, que soy un caballero lo invité a que viniera a tomar una cerveza conmigo y luego ver que pudiera pasar (el fuerte pulso del destino ya latía y los vientos soplaban hacia los bares de detrás del Alto Palermo.
Como la hora religiosa para tomar algo los viernes era a partir de las 18.00 hs. y para ese horario faltaban diez minutos, opté por esperarlo e ir a hacer las compras juntos. Dicho y hecho. A las 18.00 hs. puntual escuche un silbido, y yo que estaba a medio afeitar, me asome con media cara llena de espuma por la ventana y le arrojé las llaves para que entrara directamente al 1ro. A.
Entro y luego de que me hubiera afeitado le comenté mi decisión de esperarlo para hacer las compras…después, seguro, iban a venir otros amigos mas a disfrutar de un hermoso y rutinario viernes de brindis así que iba a tener que ir a hacer las compras de todas formas. El accedió. Tomamos 5 envases (nunca son suficientes, no importa cuantos lleves) y cuando estábamos a punto de salir del departamento, Porelo notó la presencia de una moneda de un centavo de dólar en la mesa. Acá es donde comienza a gestarse el asunto. Le comenté que estaba ahí porque había estado limpiando el mueble y la había sacado junto con otras cosas para limpiar mejor pero de alguna forma, la había olvidado. Si bien forma parte de la fortuna que es un dólar, la había perdido mimetizada con las flores del mantel.
- Mirá como son las cosas –le dije-, tan secos y tirando dólares por ahí.
- Jaja si tal cual.
- Imaginate poder juntar todas las monedas de un centavo de dólar que andan tiradas olvidadas por ahí como la que dejaste vos acá en la mesa…
- Si, sería cuestión de ir al banco y cambiarlas…”eh, son un millón calculo, dame el cambio en billetes de cien por favor…”
- Si, pero hay que ir al banco, es todo un trabajo y un desgaste. Es un garrón cargar con todas las monedas y cambiarlo…Mirá, por ejemplo, yo tengo de vuelto de una vez que viajé a Estados Unidos, dieciocho dólares en moneditas chiquitas incluyendo muchas de un centavo.
- Si las cambiás, tendrías como…más de cuarenta pesos, ¡como para tomarte varias hoy!
- Si, pero es re bravo ir al banco a cambiarlas, con una bolsa…andar contando, hacer colas, viste como está lo de las salideras…es malísimo. Y no creo que te las acepten en los lugares donde supuestamente “aceptan dólares”
(todo esto mientras íbamos saliendo del edificio y en viaje al supermercado.
En el viaje cambiamos rápidamente de temas y nos dirigimos a los tópicos comunes de los machos alfa de los viernes: la bebida y las minas (conversamos mucho mas de las que nunca tuvimos que las que sí, como es lógico). Cuando de repente, el semáforo de la última cuadra antes de llegar al super nos detuvo y ahí llego la idea a mi cabeza:
-Che, me quedé pensando en el asunto de las monedas… ¿Y si vamos a Paseo del Sol con las moneditas de dólar a ver que pasa?
