Para Guille Wagner
Un autor de un libro-Guillermo Wagner-
Madryn-Un autor de un libro- Guillermo Wagner-
Madryn-
Por allá por el 2003 me había entusiasmado por la poesía y me gastaba lo que no tenía en libros al respecto. Me llamó la atención un libro cualquiera, “Lo oscuro mueve el mar” de un tal Alfredo Lichter, por su portada, tan llamativa como atípica. Encima era barato asique lo compré.
Me gustó tanto el libro que no dejé nunca de recomendarlo a personas con una afición más o menos como la mía. Nunca pude dejar de recordar uno de sus poemas:
13
Como cada noche, habrá diez cuadras
que nada significan,
resignados a volver cuando es demasiado tarde,
respirando profundo aquello que pueda devolvernos la mitad de nosotros mismos.
Hartos de la buena voluntad y el mal pronóstico,
lejos de lo profundo del océano,
deseando no abandonar a la luna del atardecer
para salir por la ciudad innecesaria.
El destino y otra vez las manos húmedas,
un trapo de limpiar,
los clientes, las mesas
y el mar invisible cada noche,
como algo de irse y no volver.
Bien de madrugada, la puerta abierta
hacia la rambla y nadie salvo yo
en la calle,
raspando distraído
algún recuerdo solitario.
¿Sabés?
Después de verte por horas
reflejar la luz de ese bar,
qué miserables pueden parecer
las estrellas.
Claro, me quemó la cabeza. Ese y muchos más pero siempre primero ese. Como dije lo pase a muchos amigos y conocidos buscando su aprobación (que siempre encontré).
Bien, punto aparte.
Mi amigo Guille Wagner es un harto fanático de varios lugares: Rusia, Uruguay y Puerto Madryn y nunca falta la oportunidad para que se ponga a hablar de la flora, la fauna, la cultura o lo que fuere de alguno de ellos.
Cuando fuí a Madryn este fin de semana pasado me acordé de él. No solo me acordé de el, sino que entendí finalmente todo lo que me había contado sobre ese lugar. Creía que exageraba pero al pararme en Punta Indio (donde tiempo atrás los aborígenes locales vieron llegar una embarcación galesa) pensé que se había quedado corto. Era todo verdad. Y más. Era hermoso, y sin el famoso viento que caracteriza la zona, estaba todo mejor todavía.
El recorrido me llevó a un lugar llamado Ecocentro, algo así como un centro de investigación y exposición de la flora y fauna marítima de la zona con un toque (más que un toque) artístico: poemas de Borges y Neruda acompañan al lugar por ejemplo. Un lugar impresionante, pero no me pagan para hacer publicidad asique dejo a su decisión ahondar en el tema, cosa que recomiendo.
Antes de salir de ahí se me ocurre entrar a la sala de recuerdos para ver como estafaban a los extranjeros y me encontré con mi viejo libro “Lo oscuro mueve el mar” ahí en el estante. -¿Qué hace esto acá?- Y al lado, otro del mismo autor, este Lichter: “Penúltima geografía de Valdés”. Tengo que comprarlo si o sí- me dije.
Ya en el mostrador le pregunte a la que atendía que tenía que ver este tipo con este lugar y me dijo que claro, es el fundador y el actual presidente, ni más ni menos. Conozco escritores borrachos, escritores músicos, pero ¿escritores relacionados con la biología marina? Uno, este.
Luego de escuchar este mismo relato de una forma más resumida me dijo que era una lástima, que “Alfredo estuvo ayer acá, lo podrías haber conocido y te podría haber firmado el libro”.
Le dejé saludos desde Pringles (“Nos haremos íntimos en otra ocasión”) y me fuí sacando las cuentas de lo chiquito que es el mundo en el que circulamos.

Madryn, el Indio Tehuelche mirando el horizonte desde la punta, el Ecocentro y su biblioteca frente al mar. Gracias por acordarte y por hacerme acordar.
ResponderEliminarPunto (final).
Hay que aclarar que de los tres lugares que me considerás fanático, sólo conozco Madryn. El resto es locura, una rara hermandad o un simple (y no por simple poco misterioso) deseo de viajar al pasado, cuando el lema era "uno para todos" y no "todos para uno".
ResponderEliminar