jueves, 25 de abril de 2013

Factores superpuestos



    
     Es una racha mala. En tiempos de soledad no buscada (la soledad que no se disfruta), de dolor, de decepciones.  De ver el sufrimiento y la tristeza de amigos y familiares. De asfixiarme al ver la televisión. De no reírme de los chistes. Del odio y la desconfianza a la política (a todas). De la oscuridad en la noche, del desconcierto del día. Del pozo (y de la certeza de que no tiene fondo). De las preguntas y las dudas que nadie puede contestar, ni uno mismo. De las mentiras, de correr los velos. De no poder dejar de pensar. Es el momento de caminar descalzo sobre un desierto de piedras. Es el desmoronamiento de las estructuras. Es la humedad venciendo las construcciones. Es el barco hundiéndose y la madera podrida para siempre. Es la época del desconcierto. Es la época imposible. Es la época de la desconexión y la incertidumbre. 
De la pérdida de la inocencia (el mundo personal que nadie debería poder tocarnos). Son épocas de distancias. Son épocas de hacerse cargo. Es el tiempo de pagar los platos rotos, reflexionar y decidir: avanzar, afirmarse, ¿retroceder?

     Bob Dylan dijo que cuando pensás que has perdido todo, te das cuenta de que siempre podés perder un poco mas, y tiene razón.

     Es el nacimiento del "NO".    
     Este no es un pensamiento optimista, lo se. Tampoco es pesimista, en todo caso, se pretende realista. Y esto tiene que valer de algo. Como mínimo, una vez en la vida, todos debemos (supongo) pasar por una de estas rachas malas que me he tentado en denominar "Factores superpuestos", por supuesto de los malos. Si cuando se superponen las buenas cosas uno no tiene tiempo de reflexionar sobre ellas pues es la hora de vivir y disfrutar. Las explicaciones se piden en los malos momentos, nadie pregunta de donde sale el oro.

     Se pudrió y nadie dijo que la vida iba a ser justa. No hay jueces y si hay un Dios, no pareciera tener intenciones de interceder.

     Contra el olvido, el dolor, la pérdida, el extrañamiento (en los dos sentidos de la palabra), la otredad, la maldita alienación, la automatización de la vida y sobre todo de las decepciones y la angustia (mis dolores favoritos pareciera ser) recuerdo, espontáneamente ciertas palabras de Woody Allen que siempre me sentaron bien.

     Hay miles de factores que no podemos controlar en la vida. Nunca se sabe que puede acontecer en el minuto que viene, el año siguiente, en el próximo noticiero. Esto puede resultar desconcertante pero me digo a mi mismo: Tranquilo, si no podes controlar muchísimos factores tampoco tiene sentido forzar los que sí para lograr algún propósito mas de la cuenta. La mayoría de las cosas de la vida (las buenas y las malas) suceden, nos suceden, por el mero hecho de estar ahí y en ese momento. No mucho más. Son muy pocas las cosas, en sumatoria, que uno decide hacer y hace completamente. Quien está vomitando esta reflexión apuesta por la decisión y las manos a la obra de las personas pero también cae rendido al importante papel que desempeña el azar y la suerte en la vida.

     Sí, es una mala racha, me sigo diciendo, pero todavía te queda Picasso. Esos poemas de William Blake sobre un mundo mejor. Todavía está en pié Alfredo Litcher y el Madryn que tanto te gusta. Tenés a Bob Dylan y las películas de Woody Allen. El Tilcara de Ricardo Vilca. Nelson Mandela, Pink Floyd. César Aira. Tenés a tus amigos y a tu familia. El olor a pasto recién cortado. Fotos guardadas en cajas, y cajas donde guardar esos recuerdos. Los bares irlandeses. Los viajes de Manu, a Favaloro y a Chaplin. Te queda Colonia. Siempre nos quedará París. 

     A los perdidos en el camino los tenes en el recuerdo: donde nadie jamás los va a poder tocar. Pues como dijo Borges, somos (también) lo que hemos perdido.

     Todavía tenes a El Greco y a Modigliani. Las postales. Las jugadas de Michael Jordan. Hay gente nueva haciendo nuevas cosas. Un beso pendiente. Leonard Cohen. El Vasco. Te queda una botella. Hay un tipo que pinta cajas y las regala por todo el mundo, yo tengo una que dice: "Frágil - contiene paz" , que abrí en el momento indicado de mi vida ya tiempo atrás, y de verdad la tiene. Si eso es posible, todo lo demás también. Todavía alguien nos llama por teléfono.

     Sumo y sigo.     

     Nos queda todo ese Jazz, Gershwin, la voz de Pavarotti y de Sinatra. Las lágrimas. Mapas de tesoros escondidos, el mar y los barcos. El blues. Los libros de Borges y de Galeano. Los discos de vinilo. La nueva gira de los Stones. Las aventuras de Sherlock Holmes. El cielo y los animales. Tratamientos para el puto cáncer. El aire puro. Salir a correr. Tomar de la mano a una hermosa chica. El recuerdo de su olor y su pelo.

     Tenemos poco tiempo (lo único que nos hace a todos iguales). Tenemos la arena de la historia filtrándose en nuestros dedos.
     Tenemos un diccionario enorme, y la frase "andate a la mierda".

     No vienen tiempos mejores. Pero esto sigue. Algo tiene que pasar. Algo va a pasar, para bien o para mal, te guste (me guste) o no. Porque es imposible decidir sobre todos los factores de la vida. Buscate un motivo, encontrá una excusa para aguantar: Seguir, irse o quedarse. Decidí. De eso uno si es dueño de decidir... Yo me voy...

...dijo un borracho y se fue sin pagar del bar.
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Nadie lo detuvo.




martes, 2 de abril de 2013

Madryn


                                                                                      
                                                                                A Madryn, por guapa 


El nombre raja el labio y fortalece al corazón.
El paisaje riega los cimientos de dentro.
Hay estatuas moribundas en el diapasón
mientras el viento canta el fresco.

La pareja se acomoda en el banco de piedra
mientras sus manos antagonizan al frío.
Sus miradas no se pueden agotar por nada.
Si duele el alma, es que hay recuerdos.

Madryn, la coda de la libertad.
Madryn, Noruega calida.
Madryn, fluye una clepsidra.
Madryn, puerto pedregoso.

El viaje prepara impaciencias a quien
ve en la flora y fauna desértica
un nido cálido para dejar el cadáver:
Alfredo Litcher, Guillermo Wagner.

El fuego azul de la viva destreza.
El zapatero, el herrero, el viejo borracho.
El revoque de la península:
El que se va del pueblo cree que no se pierde nada.

Madryn, un lanar de inconsistencia.
Madryn, pava hirviendo para el mate.
Madryn, grito ahogado que nadie escucha.
Madryn, y los albatros.