domingo, 12 de enero de 2014

El pueblo que olvidé


Extracto de El Libro Perdido.

Capítulo 21: El pueblo que olvidé


            Había miles de cosas que se me cruzaban por la cabeza para mostrarle y contarle a mi amigo sobre mi pueblo, su (mi) historia, sobre lo que se veía y sobre todo respecto de lo que no estaba a la vista: Los pueblos son eso. No lo que se ve, las cosas, sino esa maraña infinita de historias, dichos, personajes y tradiciones que mantienen todo lo otro, lo secundario junto, como un engrudo. Las personas en el pueblo se transforman en personajes públicos. Casi no existe el anonimato. Todos saben qué es del otro. Qué hacen, que no. Y si no lo saben, suele pasar que se inventa fácilmente. Lo que pasa con el comentario de pueblo es que se genera cuando hay poco que decir de la realidad y suele ser exagerado a fin de ilustrar un domingo mateando en la calle para ver quién pasa, el sábado a la noche en el asado con amigos…
            Lo que pasa, en realidad, con los comentarios del pueblo es que suelen ser verdad.
            No me parecía justo hablarle a mi amigo sobre todo esto, primero porque en mi cabeza pasaban a la vez miles de cosas conectadas compleja e ilógicamente y no podía demandarle semejante esfuerzo de atención e interés. Además pensaba que no habíamos podido darle a Las Flores una vuelta semejante, asique decidí que este reconocimiento hablara por sí mismo.
           
            Mis padres cada vez se parecían más a mis abuelos ya difuntos. Cosa para nada extraña que me daba, por un lado un terrible y obvio temor, y por el otro lado extrema ternura. De mi abuelo, el papá de mi papá, no recuerdo mucho ya que falleció cuando yo era crío, pero las pequeñas imágenes sueltas que tengo en la cabeza (que deben ser hoy por hoy más fruto de la imaginación que de un recuerdo verosímil) son exactamente a como veo a mi padre hoy en día. Nunca fuimos muy cercanos, supongo que al ser el quinto hijo varón ya no había mucho de especial para compartir y yo, lo acepto, hasta hace poco tiempo atrás tampoco intenté compartir nuestros mundos. Me contó que mi abuelo, en su lecho de muerte en el hospital de Pringles, internado en terapia le pedía a mi papá –su hijo mayor- unos tragos de vino que este le traía a escondidas para cuando los médicos se iban por ahí o se descuidaban. Murió en su ley y además, murió de viejo. La puta muerte rodeó y coqueteó con mi papá hace unos años, pero éste, hueso duro de roer, la mandó a mudar, al menos hasta un futuro incierto. No era, al parecer la forma o el momento en que mi Viejo quería pasar para el otro barrio. Esa circunstancia me hizo pensar en las cosas en común y en esa pavada que resulta el pasar un tiempo juntos. Algo fácil que es muy difícil de notar en las buenas y que en las malas se vuelve oro puro.
De mi abuelo me quedó eso, el abuelo que me inventé. De mi viejo, una segunda oportunidad que aprovecho tímidamente cada vez que puedo (nada de mariconeadas, vió).

            Con mi madre por el contrario, siempre fui más cercano. No por preferencia, simplemente porque, en contra de la austeridad y el silencio de mi Viejo, ella sí supo sortear las barreras de mi personalidad y adentrarse –entrometida- en mis asuntos más íntimos por así decirlo. Ella sabe cosas de mí y poco a poco hemos podido entablar una relación especial y particular. Con códigos internos, chistes y temas de conversación absolutamente nuestros. Un gran punto en común es que a mí me gusta muchísimo leer y a mi Vieja –que también- le encanta pasarme libros; ella, en su vida no-jubilada, era bibliotecaria asique, en diferenciación con mis hermanos, tenía esa ventaja y ese punto de empatía que uso cada vez que puedo. Eso, sumado al chusmerío del pueblo, a las meriendas con amigas, y a las charlas con las mamás de mis amigos hacían que mi madre tuviera un panorama más amplio (aunque no creo que del todo justo) de mí.

            Allí estaba mi vida, en postales; en postales olvidadas. Como son todos los recuerdos. Me vi sentado a orillas del Pillahuinco leyendo El Hobbit en una tarde fría pero soleada. Me ví caminando de madrugada para darle una carta de efusivas declaraciones a un amor de la adolescencia. Me ví montando la bici con mi gran amigo de la infancia y vecino, Fernandito. Allí estaba yo, volviendo por primera vez de lo de una chica con una sonrisa que me desencajaba las fauces. Sentado en la plaza escuchando una banda que sonaba desde Casa de Cultura mientras lloraba, solo, la inevitable muerte de mi abuela. Yo, robándome un Martín Fierro de una colección ajena (Robar libros no es robar, es justicia).
            De repente había caído el manto del Pringles que se veía y se erigía ante mí el verdadero Pringles, mi construcción, mi vida, y ahí estaba yo otra vez, distinto pero siempre el mismo. Cambiante en el hecho de no cambiar jamás ante el ojo de quien te conoce de verdad. Como un niño indefenso (sin necesidad de defenderme). En el ojo de la tormenta pueblerina. Allí volvía el viento que raja los labios. La bicicleta. La Sierra de la Ventana allá a lo lejos. El olor a comida casera de la cocina de mi casa. Las baldosas, el club y el descampado.
           
De repente allí estaba el pueblo que olvidé.


jueves, 21 de noviembre de 2013

Sobre las vanguardias artísticas y sus tíos mayores


-Improvisación en 10 minutos: sin correcciones- 

En la primera mitad del Siglo XX tuvo lugar la génesis de los que posteriormente se llamaría como las Vanguardias Artísticas. Lugares como Francia, España, Italia o incluso Rusia fueron cunas de movimientos artísticos de inconmensurable envergadura que hasta en el día  hoy siguen llenando museos y salas de exposición.
            Lo que movilizó al surgimiento de las mismas fue escapar del “arte académico”, estimular al individuo a encontrar experiencias diferentes y nuevas, lejos del mecanicismo de la sociedad y de la burguesía. Buscaban la emancipación de una sociedad capitalista y manipuladora.
            Los principales movimientos dentro de estas denominadas “Vanguardias artísticas” son el Expresionismo, el Cubismo, el Surrealismo, el Dadaísmo y el Futurismo, por citar a los mas emblemáticos. Dentro de estos estilos podemos encontrar nombres fundamentales como Picasso, Dalí, Duchamp o Matisse, entre otros. Pero también estaban presentes en aquella época algunos artistas de más difícil catalogación como son por ejemplo Modigliani, Van Gogh o Klimt.
            Esta época artística acarreaba ya una larga tradición en el arte, desde el Renacimiento y su incorporación de la perspectiva, pasando por el Barroco y sus claro-oscuros, las pinceladas de la escuela de Venecia, la intensidad del Romanticismo y la imponencia del Neo Clasicismo, el Siglo XX encontraba una etapa artística notablemente madura, con una gran historia detrás.
            La nueva particularidad, era la intención de llevar al arte de vanguardia a reencontrarse con la vida, con su esencia. Que dejara de ser un arte “encerrado en sí mismo” y volviera a rozarse con la vida social y pública. El arte, como tal, debía ser parte de una acción política revolucionaria y es por esto que, movimientos como el Surrealista (de la mano de su principal activista: André Bretón) se alineó al Partido Comunista Francés.
            Llegados a los años 30, esta alianza entre la política y el arte militante comenzó a desmoronarse ya que fueron denunciadas públicamente las purgas de Stalin y de esta forma la unión entre el Surrealismo y el Comunismo colapsó. Un último intento desesperado por rescatar esta alianza fue la reunión de Bretón y Trotsky en favor de un nuevo manifiesto “por un arte revolucionario independiente”, que no se llevó a cabo por el asesinato de este último.
            Ese fue el fin del surrealismo como bandera de liberación del individuo por medio del arte pero también de la vida social. Se suponía que cambiar al arte y liberar los mecanismos de la expresión iban a liberar al individuo y así a la sociedad toda.
            Otras vanguardias tenían otras inquietudes similares aunque no iguales. Tal es el caso del movimiento Dadaísta que buscaba la protesta pero no necesariamente el cambio de las cosas. Esta vanguardia no suponía ser un camino a seguir o un sustituto, solo buscaba demostrar que existían otros modos de expresión lejos de los cánones académicos ligados a la protesta y al activismo artístico y social. Postulaba que las vanguardias, de perdurar, eran lentamente absorbidas por el establishment y de esa forma perdían la esencia que las calificaba como tales. Por ello, este movimiento fue disuelto antes de ser absorbido para no perder nunca ese elemento distintivo de la protesta y la queja social. Aunque el precio a pagar fuera el más caro: su disolución.

            Actualmente no existen mas estos movimientos artísticos como tales, pero así como en ellos se pueden distinguir las influencias de los grandes artistas anteriores: El pulso de El Greco, la escuela española con Velázquez y Goya en la cabeza, los renacentistas italianos Miguel Ángel, Leonardo, Rafael, la escuela de Venecia con Tiziano, Van Eyck en Holanda, o los románticos franceses Gericault o De la Croix, es en el día de hoy aunque de otra forma, reconocible la presencia de Dalí, Picasso, Jackson Pollock o Matisse, en el mundo del cine, la televisión o el arte publicitario. Si bien no están transpuestos del modo que ellos querrían seguramente su arte ha encontrado la forma de seguir vivo hasta estos días, en parte, sí, lejos de los museos, el ámbito académico y las exposiciones culturales únicamente como era su inicial intención.

jueves, 30 de mayo de 2013



Famous blue raincoat - Leonard Cohen

It's four in the morning, the end of december 
I'm writing you now just to see if you're better 
New york is cold, but I like where I'm living 
There's music on clinton street all through the evening. 

I hear that you're building your little house deep in the desert 
You're living for nothing now, I hope you're keeping some kind of record. 

Yes, and jane came by with a lock of your hair 
She said that you gave it to her 
That night that you planned to go clear 
Did you ever go clear? 

Ah, the last time we saw you you looked so much older 
Your famous blue raincoat was torn at the shoulder 
You'd been to the station to meet every train 
And you came home without lili marlene 

And you treated my woman to a flake of your life 
And when she came back she was nobody's wife. 

Well I see you there with the rose in your teeth 
One more thin gypsy thief 
Well I see jane's awake -- 

She sends her regards. 
And what can I tell you my brother, my killer 
What can I possibly say? 
I guess that I miss you, I guess I forgive you 
I'm glad you stood in my way. 

If you ever come by here, for jane or for me 
Your enemy is sleeping, and his woman is free. 

Yes, and thanks, for the trouble you took from her eyes 
I thought it was there for good so I never tried. 

And jane came by with a lock of your hair 
She said that you gave it to her 
That night that you planned to go clear 

-Sincerely, L. Cohen.

jueves, 25 de abril de 2013

Factores superpuestos



    
     Es una racha mala. En tiempos de soledad no buscada (la soledad que no se disfruta), de dolor, de decepciones.  De ver el sufrimiento y la tristeza de amigos y familiares. De asfixiarme al ver la televisión. De no reírme de los chistes. Del odio y la desconfianza a la política (a todas). De la oscuridad en la noche, del desconcierto del día. Del pozo (y de la certeza de que no tiene fondo). De las preguntas y las dudas que nadie puede contestar, ni uno mismo. De las mentiras, de correr los velos. De no poder dejar de pensar. Es el momento de caminar descalzo sobre un desierto de piedras. Es el desmoronamiento de las estructuras. Es la humedad venciendo las construcciones. Es el barco hundiéndose y la madera podrida para siempre. Es la época del desconcierto. Es la época imposible. Es la época de la desconexión y la incertidumbre. 
De la pérdida de la inocencia (el mundo personal que nadie debería poder tocarnos). Son épocas de distancias. Son épocas de hacerse cargo. Es el tiempo de pagar los platos rotos, reflexionar y decidir: avanzar, afirmarse, ¿retroceder?

     Bob Dylan dijo que cuando pensás que has perdido todo, te das cuenta de que siempre podés perder un poco mas, y tiene razón.

     Es el nacimiento del "NO".    
     Este no es un pensamiento optimista, lo se. Tampoco es pesimista, en todo caso, se pretende realista. Y esto tiene que valer de algo. Como mínimo, una vez en la vida, todos debemos (supongo) pasar por una de estas rachas malas que me he tentado en denominar "Factores superpuestos", por supuesto de los malos. Si cuando se superponen las buenas cosas uno no tiene tiempo de reflexionar sobre ellas pues es la hora de vivir y disfrutar. Las explicaciones se piden en los malos momentos, nadie pregunta de donde sale el oro.

     Se pudrió y nadie dijo que la vida iba a ser justa. No hay jueces y si hay un Dios, no pareciera tener intenciones de interceder.

     Contra el olvido, el dolor, la pérdida, el extrañamiento (en los dos sentidos de la palabra), la otredad, la maldita alienación, la automatización de la vida y sobre todo de las decepciones y la angustia (mis dolores favoritos pareciera ser) recuerdo, espontáneamente ciertas palabras de Woody Allen que siempre me sentaron bien.

     Hay miles de factores que no podemos controlar en la vida. Nunca se sabe que puede acontecer en el minuto que viene, el año siguiente, en el próximo noticiero. Esto puede resultar desconcertante pero me digo a mi mismo: Tranquilo, si no podes controlar muchísimos factores tampoco tiene sentido forzar los que sí para lograr algún propósito mas de la cuenta. La mayoría de las cosas de la vida (las buenas y las malas) suceden, nos suceden, por el mero hecho de estar ahí y en ese momento. No mucho más. Son muy pocas las cosas, en sumatoria, que uno decide hacer y hace completamente. Quien está vomitando esta reflexión apuesta por la decisión y las manos a la obra de las personas pero también cae rendido al importante papel que desempeña el azar y la suerte en la vida.

     Sí, es una mala racha, me sigo diciendo, pero todavía te queda Picasso. Esos poemas de William Blake sobre un mundo mejor. Todavía está en pié Alfredo Litcher y el Madryn que tanto te gusta. Tenés a Bob Dylan y las películas de Woody Allen. El Tilcara de Ricardo Vilca. Nelson Mandela, Pink Floyd. César Aira. Tenés a tus amigos y a tu familia. El olor a pasto recién cortado. Fotos guardadas en cajas, y cajas donde guardar esos recuerdos. Los bares irlandeses. Los viajes de Manu, a Favaloro y a Chaplin. Te queda Colonia. Siempre nos quedará París. 

     A los perdidos en el camino los tenes en el recuerdo: donde nadie jamás los va a poder tocar. Pues como dijo Borges, somos (también) lo que hemos perdido.

     Todavía tenes a El Greco y a Modigliani. Las postales. Las jugadas de Michael Jordan. Hay gente nueva haciendo nuevas cosas. Un beso pendiente. Leonard Cohen. El Vasco. Te queda una botella. Hay un tipo que pinta cajas y las regala por todo el mundo, yo tengo una que dice: "Frágil - contiene paz" , que abrí en el momento indicado de mi vida ya tiempo atrás, y de verdad la tiene. Si eso es posible, todo lo demás también. Todavía alguien nos llama por teléfono.

     Sumo y sigo.     

     Nos queda todo ese Jazz, Gershwin, la voz de Pavarotti y de Sinatra. Las lágrimas. Mapas de tesoros escondidos, el mar y los barcos. El blues. Los libros de Borges y de Galeano. Los discos de vinilo. La nueva gira de los Stones. Las aventuras de Sherlock Holmes. El cielo y los animales. Tratamientos para el puto cáncer. El aire puro. Salir a correr. Tomar de la mano a una hermosa chica. El recuerdo de su olor y su pelo.

     Tenemos poco tiempo (lo único que nos hace a todos iguales). Tenemos la arena de la historia filtrándose en nuestros dedos.
     Tenemos un diccionario enorme, y la frase "andate a la mierda".

     No vienen tiempos mejores. Pero esto sigue. Algo tiene que pasar. Algo va a pasar, para bien o para mal, te guste (me guste) o no. Porque es imposible decidir sobre todos los factores de la vida. Buscate un motivo, encontrá una excusa para aguantar: Seguir, irse o quedarse. Decidí. De eso uno si es dueño de decidir... Yo me voy...

...dijo un borracho y se fue sin pagar del bar.
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Nadie lo detuvo.




martes, 2 de abril de 2013

Madryn


                                                                                      
                                                                                A Madryn, por guapa 


El nombre raja el labio y fortalece al corazón.
El paisaje riega los cimientos de dentro.
Hay estatuas moribundas en el diapasón
mientras el viento canta el fresco.

La pareja se acomoda en el banco de piedra
mientras sus manos antagonizan al frío.
Sus miradas no se pueden agotar por nada.
Si duele el alma, es que hay recuerdos.

Madryn, la coda de la libertad.
Madryn, Noruega calida.
Madryn, fluye una clepsidra.
Madryn, puerto pedregoso.

El viaje prepara impaciencias a quien
ve en la flora y fauna desértica
un nido cálido para dejar el cadáver:
Alfredo Litcher, Guillermo Wagner.

El fuego azul de la viva destreza.
El zapatero, el herrero, el viejo borracho.
El revoque de la península:
El que se va del pueblo cree que no se pierde nada.

Madryn, un lanar de inconsistencia.
Madryn, pava hirviendo para el mate.
Madryn, grito ahogado que nadie escucha.
Madryn, y los albatros. 

lunes, 18 de marzo de 2013

Jackson Pollock en el Bar de Gómez


Luego de un increíble esfuerzo, el bar se convierte en una galería de arte y nos presenta ni mas ni menos que a uno de los pintores más importantes del arte moderno del siglo pasado.

Una vez cansado de parecerse a Picasso (A quien admiraba hasta el odio):



Jackson empezó a "pintar" con una nueva técnica que descubrió por accidente, con agujeros en las latas de pintura o tirando pintura con el pincel como mierda al río:




Entonces sí. Se salió de su pesadilla obsesiva llamada "Pablito Picasso" y se transformó en uno de los pintores mas importantes del llamado movimiento "Expresionismo abstracto", también conocido como La Escuela de Nueva York. Surgido como contra-propuesta al Pop-Art de Warhol, Lichtenstein y demás.

He aquí la galería colgada en las paredes del bar:





Hay una peli, Pollock, muy recomendable sobre la vida del artista (un poco exagerada pero esta bien).
Y existe el cuento (real) de que una señora se compro un Pollock original a un dólar y luego todos se dieron cuenta y automáticamente se hizo millonaria.

Este borrachín es uno de los favoritos de la casa. Esperamos lo disfruten.



lunes, 18 de febrero de 2013

"Toma este vals" o "Mónaco puto"


Fue apenas hoy cuando logré empatar las cosas con Ella. Y digo apenas porque no hace mucho nos prometíamos el cielo; o yo se lo prometía. No es que ella no, es que yo siempre fuí de los que sueñan despiertos en vivo y no dejan esperar hasta la mañana siguiente para contarlo: incluyendo las pesadillas, los malos sueños, y los errores que dicta el inconsciente a veces, puta, tan claramente. Prometimos el cielo entonces, pero nunca ninguno lo vió.

Con Ella siempre nos entendimos en los bares. Por eso, cansados de discutir sobre los teléfonos decidimos salir a caminar (hasta el bar). Al llegar y pedir una cerveza, el asunto estaba solucionado: El pasado resuelto, el incierto futuro: prometedor. Ella era (mierda, es) hermosa y lo único que relincha a quien suscribe es que nunca creyera del todo mis palabras ni mucho menos. (y no se queja, sino que teme que tenga razón).

Aquella noche luego de tres cervezas -demasiadas- decidimos dar por concluida la velada con la promesa de superar lo pasado y perder o ganar en el prometedor futuro, pese a las diferencias y los desentendimientos que nos habían traído hasta aquí otrora.

Ella, demasiado mujer. Yo, demasiado cobarde.

Al salir del bar, pasamos por un conocido restaurante clásico porteño (como el bar al que habíamos asistido bordeando el zoológico de Palermo) entre charlas y risas. Al pasar la última mesa le comenté a mi compañera:

- ¿Eu, lo viste?
-¿Eh, a quién?
-A Pico Mónaco, estaba sentado en la cabecera de la mesa de afuera, te relojeó de arriba a abajo y dijo...
-¿Qué Pico Mónaco?.. Me muero... -dijo, dándose vuelta, olvidando a su pareja y pensando en las probabilidades matemáticas supongo.
- Si si, Ese mismo...

Y caminamos unos varios metros mientras ella se daba vuelta y encontraba (claro, porque es preciosa ya lo dije) la mirada de Mónaco posada en su espalda cada vez que lo hacía. Yo, lejos de estar disgustado (claro que lo estaba) la alentaba a que volviera a encontrar su amor. Ella, mujer de largos años, dama de su propia historia, flor de su madurez (pendeja histérica); era una niña a los ojos de la estrella del deporte elitista argentino -nada que le pudiera dar celos a su pareja... el escritor que suscribe-.

Intentando dar un paño tibio al momento, la morena comenzó a recitar una frase a capella de Joaquín Sabina Y la vida siguió como..." interrumpida por un tropezón que quedó como todo lo que les queda a las mujeres hermosas: Hermoso. Cosa que nunca supo.

Luego de unas dos o tres cuadras -y si, algunos cruces indeseables-, cansado de la inoportuna competencia con alguien acostumbrado a competir (contra alguien que no esta acostumbrado a perder) la detuve sobre la avenida Las Heras, frente al parque homónimo, tome sus manos, las viré hacia su espalda y la besé profundamente (con los ojos cerrados, se lo juro).

-Acá termina el cuento- le susurré entre el ante último y el último beso antes de soltar sus manos y retomar el camino a casa, lejos de Pico Mónaco.

Le comenté la vez que le gané a mi amigo (lo siento) Joaquín Sabina a Jimena en Terrenal y no me creyó. Quizás tenía razón pero no era ese el punto. El punto era que Pico Mónaco había posado sus ojos sobre la belleza que me acompañaba a mí.

Y el asunto no era que ella estuviera conmigo y no con el, porque claramente esa era una diferencia meramente ligada a la física: yo estuve cerca y él no en el debido momento.

El hecho me hizo ver -no algo que no supiera, pero si que no consideraba tal- a la mina (y lo digo con la definición que el lunfardo proclama) que tenía al lado.

-Puta -exclamé-, una compañera. Una mina preciosa. Una hermosa mina. Una mujer.

La mina que estaba conmigo era lo mejor que me podía pasar. La miré caminar, la miré mirarme, nos tomamos de las manos. Cosas cotidianas que nos hacen tan bien.
Algunas dudas se desvanecieron. Otras florecieron si, pero con la esperanza de marchitar rápido y dejar dulces aromas con su partir.

Confieso dejar en la piel de esa mujer ciertas dudas; que no puedo manejar. Me juro, en vez, dar lo mejor de mí para hacerla florecer como sus ojos prometen ante el oportuno y competente amante. Ella debe conocer lo mejor de mí, pues, al faltar las vestimentas debe florecer, acaso, el placer de no habernos equivocado. Y de ser uno, el placer del otro.

La dejé en su casa y me retiré como quién pierde en el décimo round contra Rocky Balboa -"Suerte con Mónaco" le escribí en un último mensaje un poco pelotudo, un poco celoso y un poco no se que (que es lo único que importa). - "Me hubiera gustado que te quedes a dormir" me contestó en un mensaje que leí, pero que hasta pude escuchar con su voz suave y hasta ver en sus ojos, mirándome.

Al leerlo, serví una copa, sentí una noche perdida, le pedí disculpas de manera retórica: poniendo fuerte Leonard Cohen:

http://www.youtube.com/watch?v=_e39UmEnqY8

y juré (no a ella, a mi) ser mejor para la próxima y prometida (otra vez mi pecado de prometer) vez. Ser quien ella necesita y no la sombra del rostro que aparenta pero que ni parece a la esencia. Ser Yo y no todo lo demás que tengo encima. Ser el cuerpo y el alma a la vez. No por mí, por ella, y entonces por mí. La tésis de Hegel, entonces.

Ser todo y absolutamente para ella. No completo (no nos engañemos si no lo estoy, ¿acaso alguien lo está?) pero si, ofrendar -que no es ofertar- todo lo que tengo a la persona que me mira con esos ojos y mira tan profundo que hace confundir palabras con pensamientos. Ella, que respeta tropiezos y contempla demoras, quien merece todo el oro del mundo.

Toma este vals,
rima esta ofrenda
sonrie este saludo
confía sobre esta verdad.

Viste estos vestidos,
desnuda estos cuerpos.
Renuncia a las cadenas,
saltemos al abismo (juntos).

Maduremos los inmaduros
inmaduremos los maduros.
Ensuciemos los perfumes:
toma este vals.


Pd: Mónaco puto.

martes, 4 de diciembre de 2012

Las Meninas de Velázquez y el arte español posterior


Por allá en 1656 Dieguito Velázquez, pintor de la corte española, realizaba a pedido este retrato de la Infanta Margarita y sus seguidores inaugurando así, la etapa más importante de la pintura del país que llegaría hasta nuestros días a través de Goya, Juan Bautista Del Mazo, Picasso e incluso Dalí como repetidores de la obra magistral de Velázquez. "¡Esto es la teología de la pintura!"- Exclamó el barroco italiano Luca Giordano al verla por primera vez.

"Las Meninas"- Diego Velázquez. Circa 1656. 
Óleo sobre lienzo. Museo del Prado, Madrid.


En este bar nos gusta mucho el arte, pero no sabemos mucho al respecto. Es por eso que vamos a evaluar ciertas obras posteriores que nos hablan de la importancia de esta pintura al transcurrir los años, a través de los autores antes mencionados.

Primero lo primero:
A Velázquez, además de pintor, procurador artístico de la corte, le fué encomendada la misión de recorrer los principales focos artísticos de Europa con un mango en el bolsillo y traerse algo (y de paso porqué no, cultivarse un poco para hacer su obra maestra). Así fué como se trajo para España obras indispensables del maestro Tiziano en Venecia, de Tintoretto y Veronesse entre otros. Una buena changa diríamos por acá.
Al ver lo que había sucedido en la Europa mas artística y especialmente en el renacimiento italiano, Velázquez comenzó con los trazos de la obra que le daría fama legendaria y se convertiría, según los humildes criterios de quien firma, en la piedra fundamental de la pintura española (Claro, palo y palo con alguna obra de El Greco si se quiere).

Son en la obra evidenciables las influencias claras del renacimiento sobre todo italiano ya antes mencionado, los temas (escenas religiosas o, en este caso: retratos de la corte), estilos y técnicas.
Tambien es notable la influencia del amigo holandés Van Eyck (Véase "Retrato del matrimonio Arnolfini" donde en la obra figura un espejo que refleja mas cosas que las que se pueden ver a simple vista en el cuadro). En la obra del español, el espejo sugiere también la presencia de otras personas siendo testigos de la escena o hasta incluso espectadores del cuadro. Un verdadero detalle para la época.

Aaahora sí:
Como antes se dijo, no tenemos tantos fundamentos para explicar porqué esta obra es tan importante para la historia de la pintura. Tampoco es que nos interese tanto fundamentar. Pero conocemos a unos muchachos que sí.
He aquí una galería breve sobre la repercusión empírica de la obra del maestro Velázquez.

1. Juan Bautista del Mazo (Yerno de Dieguito, le robo hasta las medias de gala).

                                                   Como se puede ver, no hace falta saber 
                                                                    mucho de arte para darnos cuenta.

2. Manolo Valdés - Esculturas homenaje a Las Meninas. (ni idea donde están).


y 3. Nuestro favorito, un amigo de la casa: Pablo Picasso - "Estudio sobre Las meninas de Velázquez".



Es un placer a la vista ver como atraviesa el cubismo de cientos de años después al clásico barroco. Una verdadera lectura estilística de la obra. Picasso se adueña de la idea, y nos da una relectura moderna de la obra antigua.

No sabemos justificar muy bien porqué esta obra es tan cautivante. Lo mismo pasa con la "Mona Lisa" de Leo Da Vinci o con tantos otras obras pictóricas o de cualquier índole artístico. Tampoco debe ser tan importante explicarlas. La humilde propuesta de este bar es entregarnos al arte con el mínimo conocimiento que se tenga. Más que saber (que es importante y ayuda al disfrute) es importante sentir. Tomarse el tiempo, contemplar las obras y tratar de robarles un poco de la vida que ellas tienen impregnada.

Para redondear, vamos a usar una entrevista del programa A Fondo a Salvador Dalí en donde cuenta (minuto 21:10 hasta 22:39) una anécdota (zarpada anécdota) en la que con su amigo Jean Cucteau visitan el Museo del Prado de Madrid, hogar de "Las Meninas". (Se recomienda una vez escuchado el momento exacto del cuento, ver la entrevista entera que no tiene desperdicio).



"Las Meninas de Velázquez: El aire de mejor calidad que existe."
                                                                                   Salvador Dalí


Tomate una birra y anda al Bellas Artes, dale.


jueves, 29 de noviembre de 2012

Running over the same old ground, what have we found?

                                                                         The same old fears,


miércoles, 14 de noviembre de 2012

La playa para el Zoilo


El cantinero conversaba con el viejo Pérez en la barra del bar. El asunto era que se iba a ir a la costa, "aca noma'" decía...
En eso entra otro viejo al bar dejando entrever momentáneamente la luz del sol que se colaba por la puerta abierta.
Pasó, saludó en general en voz baja agachando la cabeza, y fue a parar a la barra, al lado de la conversación.
Interrumpió y se pidió un vino con soda. El cantinero le sirvió y prosiguió con la charla.

-Seguro vayamos con la vieja a pasar el día este domingo a Monte Hermoso

-Esta lindo, dicen...pocas aguas vivas...

En eso el recién llegado (sabían que se apellidaba Zoilo, lo conocían de comentarios del pueblo, sobretodo de cuando eran jóvenes...era un viejo borracho) volvió a interrumpir: 

 -¿Dónde queda la playa

Lo miraron sorprendidos pero, por educación, el cantinero le contesto. 

 -Aca noma', a ciento y pico... 

 -Si, ya se donde esta Monte Hermoso, pregunto donde queda la playa...

Un poco harto, un poco resignado el prosiguió. 

- Ahi noma´ Zoilo, ¿vio la costanera? Bueno, pa´ un lado esta la ciudad, pal otro...

Pero el Zoilo no lo dejó terminar, y sin siquiera mirarlo escupió: 

- La playa no existe, no empieza ni termina. Hay arena...hasta que aparece el agua. Después, es agua. Arena y agua. - dijo, y se tomo un buen trago de vino sin volver la vista ni un segundo.

Los otros dos, se miraron, cabecearon en dirección al Zoilo, y Pérez murmuró: "viejo borracho" entre, reflexivo y superado.

martes, 13 de noviembre de 2012

Bond, James Bond en Operación Skyfall


Si no te gusta James Bond, ni te gastes en leer esta pequeña reseña.

Que golazo es ir a volver una película de James Bond al cine...

Pero ojo, su historia está muy bien y es una peli de acción muy llevadera. Pero nada mas.
Javier Bardem esta increíble como el villano de turno, un ex agente despechado que busca vengarse de M por ser abandonado y torturado tiempo atrás, pero claro, tendrá que pasar sobre el Cadáver del agente 007. Y, considerando que ya lleva 50 años en acción y algo así como 23 películas, uno puede hacerse a la idea de como fluirán las cosas...

Pero eso no es lo que importa en Operación Skyfall.

Lo que importa es que finalmente la producción y guionistas han decidido empezar a respetar los orígenes del personaje, intra y extradiegéticamente. Es la primera vez que vamos a ver algunas cuestiones del origen de James Bond, infancia, padres y demás cosas. Por el otro lado, esta película cuenta con una amplia y considerable reminiscencia a las películas clásicas del agente (todas tienen los mismos gags, el martini, bajarse a 2 o 3 minas mínimo, grandes autos, el "mi nombre es Bond, James Bond..."), pero esta vez se vuelve de verdad a las grandes cuestiones del personaje.
Debido a aspectos técnicas, el agente se ve obligado a tomar caminos extracurriculares para cumplir con su misión y hacerlo a la "vieja escuela", ahí es donde vuelven el Aston Martin clásico (con las metralladoras debajo de las luces y el botón de eyección bajo la palanca de cambios)...y lo más divertido de todo: ¡vuelve a escena Moneypenny!
Y...¿Quién es esta mina? Es el amor platónico o imposible del agente doblecero en las películas clásicas, la secretaria del patrón.

Por estas cuestiones hay que ver esta peli.

Daniel craig (James Bond por tercera oportunidad: Casino Royale, Quantum of solance y esta) ha sido muy críticado, pero este bar, y todos los borrachos que beben en el momento en que escribo esta nota, opinan que le da una nueva dirección al personaje, algo mas violento y fervoroso que los anteriores y sin perder la elegancia. Este Bond se equivoca, pierde, sufre, y se sobrepone a la adversidad. Hasta llora mirá.

Nos cae bien.

Ah y al final, vuelve también a las primeras con el famoso  plano dentro del revolver, vemos aparecer a Bond, que nos dispara y la imagen se torna roja sangre, genial.
Por último vemos en pantalla algo entrañable también: "Pero James Bond volverá en..."
Y la dejamos acá. Los melosos como uno, lo van a saber disfrutar.

Anda a verla y después me contás. Si te gusta la saga, la tenés que pasar bien seguro.




Pd: Bueno sí, nobleza obliga: En un momento se pone un poco "Mi pobre angelito" (Si, posta). Pero lo perdonamos por ser tan fachero y elegante.


¡Gracias Mechi por la compañía!

domingo, 11 de noviembre de 2012

Reinauguración o De las ventanas y el polvo



Derivado mucho mas de una corazonada repentina (y aparentemente infundada) que de una decisión pensada, este Blog vuelve a abrir sus puertas luego de mas de un año de silencio.

El nuevo plan (si es que existe) es retomar el concepto y la propuesta de El Bar con un poco mas de espontaneidad y constancia. Se reinaugura en búsqueda de la frescura de quien reabre una ventana de una casa vieja un año después, quita las sábanas de los muebles, se queja del polvo, y lo barre.

Gracias por volver. Corre la bebida a partir de las 18 hs., como es debido.



PD: Gracias a los amigos por insistir.

martes, 13 de septiembre de 2011

Cesar Aira en El Bar de Gómez Parte I: Introducción

César Aira acaba de editar El Mármol, una novela breve en donde cuenta la retorcida historia de alguien que a partir de una compra en un supermercado chino de Buenos Aires se ve envuelto en una serie de aventuras sin precedentes con el pulso al que el autor nos tiene acostumbrados en una flamante edición independiente de tan solo mil quinientos ejemplares. A tres portadas diferentes, quinientos de cada una. Ni uno más. Es cada vez más común que el autor Pringlense opte por una de estos modos de editar. Otro de esos libritos cortos que el escribe a razón de una hojita por día, no mas.

Se sabe que entrevistar a Aira no es cosa fácil. Hace tiempo que no es asiduo a entrevistas pero sé, hizo una excepción y se vino al bar a tomar un vermú.

Soy de Pringles también y logré conseguir el contacto por medio de su madre y le escribí a su correo personal descaradamente.

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-Sr. Aira: (…) Me gustaría realizarle una breve entrevista.

Al minuto tenía mi respuesta: “Che, ¿vos sos sobrino de Horacio De Medio? Iba conmigo al colegio…Llamame en Pringles a lo de mi madre” Devolvía informalmente Aira. Ya era mío.

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Casualmente, el autor de Ema, la cautiva, viajaba a Pringles ese mismo día y se quedaba una semana. A los pocos días ya estaba yo allí en su búsqueda.

Al llegar me enteré del motivo de su viaje: Lo iban a nombrar ciudadano ilustre, nada menos.

Lo llamé a eso de las cuatro de la tarde a lo de su madre. Me atendió ella en persona:

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_¿Hola?

_Señora, buenas tardes, mi nombre es Santiago De Medio y había quedado en llamar al Sr. César Aira a su casa a esta hora, espero…

_A ver…Esperá. ¡César Aira!

_!Ahi voy! (Contestó una voz distante y poco familiar)

_(Suena agitado y tarda en atender) Hola

_Buenas tardes, ¿Señor Aira?

_ El mismo, como te va Santiago (Sigue agitado)

_¿Bien y usted? Espero no llamar en mal momento

_No, no, para nada. Lo que pasa es que tuve que subir por la escalera porque no andan los ascensores y estoy en el cuarto piso…

(risas al unísono, era inevitable)

_Me enteré que va a estar ocupado este fin de semana, le agradezco que me pueda hacer un espacio…

_Tranquilo. Son las…cuatro y cuarto, venite a las cinco.

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Ni siquiera me dijo dónde vivía. Debió suponer, acertadamente, que, de saber quien era su madre y demás, sabría donde vivía al venir a Pringles –viene solo dos veces al año por una semana y se instala en lo de su madre, en un discreto edificio en la zona céntrica-.

Compré unos vinos –uno nunca sabe-, me acomodé, alisté la grabadora, un anotador y su último libro.

Sólo en Pringles – Pensé: Ya al salir de mi casa se podía ver el edificio en cuestión a tan solo dos cuadras- Ese de esa ventana tranquilamente podría ser él.

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Toqué timbre y esperé. A los dos minutos baja un tipo de mirada despreocupada y arreglado casualmente.

Nos damos la mano y no me invita a entrar, cierra la puerta y me indica con un movimiento de la cabeza que prefiere caminar, me descoloca, pero es aún mejor caminar por Pringles, nuestro Pringles.

La gente que pasa lo mira. No estoy seguro de que muchos lo conozcan o reconozcan, no es por su cara que es famoso o reconocido, y menos por estos pagos. Pero de todas formas lo miran raro. Algo presienten, algo notan de esta figura. Tal vez, sea una cara ajena al trajín diario, tal vez si tenga algún tipo de aura especial a lo Walter Benjamin. El caso es que lo miran. ¿Él? Ni noticias de ello, no parece importarle.

Caminamos hacia la plaza del pueblo claramente. Un recorrido Art decó que es un ambiente mas que propicio para la entrevista mientras vamos sacando cuentas de quienes son mis padres, con quien fue él al colegio, y demás yerbas típicas de un pueblo del interior.

Ya en la plaza ubica un banco y nos dirigimos hacia allí. A esta altura, el grabador apagado ya había omitido grandiosas frases que el autor escupía con una terrible naturalidad. Al sentarnos no perdí mas el tiempo e introduje mi grabadora a la escena.

Cesar Aira en El Bar de Gomez parte II: La entrevista

Yo voy a apretar el botón rojo, de ahí a que salga…

¿Esa escritura y esa forma de encarar la forma de escribir es de alguna manera atemporal?

No. No. Estoy muy apegado a mí realidad cotidiana. Pero no a la realidad social.

La del diario…

Puede ser sí…Cuando doy una entrevista siempre pasa que digo una cosa y de golpe podría decir lo contrario exactamente igual.

¿Quizás esas cosas sean imposibles de evitar a la hora de escribir, aunque uno trate de no hacerlo?

Totalmente. Sobre todo en mí sistema que consiste en ir improvisando día a día. Nunca pienso un argumento antes de empezar entonces necesariamente va entrando la realidad de todos los días en lo que estoy escribiendo.

¿Usted se sienta a escribir sin saber que va a suceder?

Tengo siempre una idea general al comienzo. Una idea de partida: Algo sugerente que me parece que va a funcionar y me largo a la aventura de que algo pase. Y a veces pasa y a veces no pasa y lo abandono a las cinco o diez páginas.

Pero a veces sí.

¿Cuáles son esos elementos sugerentes que dan el puntapié inicial a la escritura?

Generalmente una idea de tipo intelectual. ¿Qué pasaría si…bueno, algo?

Por eso tiene algo de experimento: ¿Qué pasaría si mezclo esto con eso, flota o explota?

Y tiene de ahí a diez páginas para ver si funciona…

Exactamente. También suele pasar que abandone esa idea inicial y comience por otros lados. Es por eso que mi método de empezar sin nada. Una de las novelas sobre Pringles por ejemplo, La costurera y el viento, la empecé con el título nada más. Tenía esas dos cosas: La costurera y el viento. Y empecé a escribir eso justamente. Estaba viviendo en París, vivía cerca de una plaza y me sentaba en un café a escribir y se van dando la Patagonia y el viento que se enamora… Una de las novelas que escribí con mi amigo Omar Berruet [Amigo Pringlense de Aira desde la infancia], secretario de la intendencia, es el que manda acá.

Es el mando real…

El que manda porque los intendentes van pasando pero él queda.

Y habrá caminado esta plaza también con usted…

Con Omar vivíamos allá en la calle Alvear, fuimos vecinos por mucho tiempo en la infancia. Allí jugábamos un juego que llamamos El infinito, del que escribí un cuento corto: uno pensaba un número y lo decía y el otro tenía que decir un número más alto y así. Hasta que uno se aburría y decía: Bueno, Infinito.

¿Y el que lo decía primero ganaba?

No, porque entonces el otro salía con Dos infinitos. Ocho mil cuatrocientos infinitos. Ocho mil cuatrocientos infinitos coma cinco. Y entonces llegábamos a Infinito de infinitos.

¡Y uno tenía que ganar por knock-out únicamente!

(risas)

No imagino un final para el cuento corto.

Bueno como imaginarás, yo me voy para otros lados…

Ese cuento fue traducido a otros idiomas, y adonde voy siempre alguien me cuenta que jugaba a algo parecido…

(risas)

En Lituania, en Arabia, en España…Alguien estaba jugando cuando era chico a algo parecido.

Sin pedir permiso.

Siempre con alguna variación. Por lo visto los chicos de antes teníamos esos berretines matemáticos…

¿Le gustó encontrarse con ese juego por el mundo o es celoso de sus invenciones?

No. Además no era una invención mía, era una invención compartida con Omar Berruet.

¿Lo vio en esta oportunidad?

No, no, no. Pero mañana seguramente.

¿Esta es su primera visita este año?

No. Ya vine hará tres o cuatro meses. Es que ahora tengo sobrinitos nietos que son una debilidad, así que voy todos los días a jugar con ellos. Son el mayor atractivo para venir aquí.

¿Ellas seguro estimulen su frecuencia de viajes?

Si. Porque no puedo dejar pasar mucho tiempo porque sino crecen y me las voy a perder.

Usted, me imagino, debe ser el pariente divertido…

Yo me pongo enseguida en onda infantil y me tiro al suelo a jugar…

Siempre me preguntan ¿Qué sería si no fuera escritor? Y siempre contesto: Maestro de jardín de infantes.

No cobraría, ¡lo haría por el placer de hacerlo!

(risas)

Y ni hablar de cuando sus nietos tengan cierta edad y usted les pueda enseñar el juego del infinito.

…Ahora están con la Play Station…

A menos que lo patente y arregle con Sony para largarlo a modo de juego de Play Station

Podría ser…no creo.

¿Sigue siempre con su método de escribir una página por día?

Trato de hacerlo, sí. Acá en Pringles me es difícil porque estoy tan acostumbrado a escribir en los cafés… ¡y acá no hay! En Dixit [confitería céntrica] ponen una música tan fuerte. ¡Estoy completamente solo y ponen esa música como si a mi me gustara!

Pero sí, trato de todos los días hacer un poquito.

¿Se va a llevar algo de este viaje a Pringles? ¿Alguna hojita quizás?

Si. Aunque últimamente me está costando. No se si será la edad, el cansancio o será una etapa floja en la que nada sale bien.

Usted me dijo que descarta ideas flojas. ¿En qué medida descarta mucho y publica poco o viceversa?

Cuando termino algo, lo termino y se lo doy a algún editor, de hecho tengo algunas deudas. Yo tengo un acuerdo con mi agente que es alemán y vive en Alemania y el se ocupa de todo el mundo: hace contratos, cobra… Pero de Argentina me ocupo yo. Yo no me meto en el mundo, el no se mete en Argentina. En Argentina es todo gratis, sin contratos y para mis amigos. Hay varios editores independientes ansiosos por una novelita mía que ilustre sus catálogos.

¿Termina una obra y ya sabe a donde la va a destinar?

A veces pienso “esto sería para fulano…”

¿Que tiempos tiene entre una publicación y la publicación siguiente?

Varía mucho depende de lo que tenga terminado. Por ejemplo este año, tenía una novelita, El Mármol, una historia con extraterrestres, que se la había prometido a un amigo de una editorial, pero al final se la dí a otro que era también un gran amigo que había tenido muchos dramas en su vida y me la pidió desconsoladamente. Después saque una novela con el BAFICI. Yo había sido jurado el año pasado y mientras lo era me inspiré para una novelita de ambiente cinéfilo que llamé Festival y como el BAFICI saca siempre algunas publicaciones mayormente con artículos sobre cine y demás, nunca habían sacado ningún relato o novela y estaban muy entusiasmados al respecto así que se la dí a ellos. Una edición que se vendía solamente en el BAFICI en una edición bastante limitada que ahora va a sacar este otro amigo al que le debía una publicación.

Después unos chicos que hacen unos libritos muy chiquitos, folletos casi, que se llaman Espid and Yeti, me habían pedido algo y tenía un cuentito de veinte páginas y se los dí. Salió ahora y todavía no lo vi, justo hoy me escribieron contándome que había salido.

Y en España va a salir el mes que viene otra cosita muy chiquita que es un relato que escribí acá en Pringles el año pasado haciendo memoria de mi amigo recientemente fallecido Miguel López. Esto va a salir en una edición artesanal.

Y este mismo año también va a salir otra edición más, también chiquita: una edición exquisita para bibliófilos de treinta y cinco ejemplares numerados.

¿Suele guardarse copia de sus libros?

Una copia de cada uno sí. Ahora imaginate que ya no me entran en casa con todas estas pequeñas ediciones constantes.

Debe tener una biblioteca más que generosa sólo para sus libros.

No es para tanto pero sí, tengo muchos libros.

Ahora me regalaron un e-reader. Lo cargué con cuarenta libros y lo traje para Pringles.

Es todo un desafío abrirse a las cosas nuevas.

Sobre todo para usted venir hasta acá con un bolso con cuarenta libros.

Me alcanza y me sobra para la semana en la que estoy pero es lindo tener y elegir leer uno u otro. Me lo regalaron en Eudeba, la editorial de la universidad, que hacen e-readers.

Yo compro varios libros en Eudeba también para la facultad.

Y ahora todo el archivo de Eudeba lo van a digitalizar para los estudiantes y por medio de un precio especial comprarán los aparatitos estos para leer mas fácil, mas barato y mejor. Estaban muy entusiasmados

Parece una buena opción para combatir las fotocopias.

Si y para evitar la acumulación excesiva de papel: toda la cosa jurídica. Habrá edificios al borde del derrumbe de archivos y ahora, tenerlos en una cosita así [junta las manos e ilustra un espacio muy pequeño]…imaginate.

¿No piensa que puede provocar que pierdan un poco de valor? ¿O cierto tipo de valor?

No, porque no van a competir con el libro. El libro pasará a ser un objeto de arte y de lujo. El fetichismo de la gente como yo que siempre ha estado con los libros seguirá existiendo. Tiene mucha facilidad para ir al archivo y a las notas. Además tienen wi-fi y para pedirlos es mas que sencillo, lo pedís y al minuto lo tenés descargado.

No lo imaginaba amigo de ese formato.

Yo tampoco. Fui a Eudeba porque habían sacado una vieja novela mía en una serie del Bicentenario y me eligieron a la par de Sarmiento y Echeverria.

Con Ema, la cautiva.

Exactamente. Fui y me dijeron del e-reader: Qué lindo, como me gustaría tener uno…comenté y me lo tuvieron que dar. No lo pongas a esto.

Hablando de la facultad, debo tocar un punto que, si usted no desea, podemos pasar por alto. Tengo entendido se fue a Buenos Aires a estudiar derecho…

Si, medio como excusa porque no había carrera de derecho en Bahía Blanca. Si yo hubiera elegido otra carrera me mandaban a la chacra esa. Por eso elegí derecho y simulé estudiarlo por dos años hasta que me inscribí en la carrera de Letras.

¿Usted se fue a Buenos Aires ya queriendo dedicarse a la escritura?

Si. Ya desde chico tuve esa inclinación por los libros y cuando tenía doce o quince años entramos en una gran Cofradía espiritual con Arturo Carrera [Escritor Pringlense también mundialmente reconocido] con quien compartía el sueño de querer ser escritor.

Eso marcó definitivamente la vocación. De hecho nos fuimos juntos a la Capital, vivimos un año en una residencia de estudiantes junto con Alejandro Carrafanq y seguimos siendo amigos.

¿Siempre frecuenta a Arturo?

Nos vemos seguido. Sobretodo en el verano porque él lo pasa todo acá y cuando vengo nos encontramos.

¿Se leen mutuamente?

Si. Porque además a Arturito lo he utilizado como personaje de muchas de mis novelas. Asique me lee para ver ¡que le he hecho esta vez!

Quizás usted lo haga para que el sienta la obligación de leerlo.

Arturo me inspira, su vida e historias.

¿Se compras los libros o se los envían?

Nos los regalamos. Como nos movemos en el mismo circuito, compartimos muchos editores y hacemos circular nuestros libros.

Imagino que con un apoyo como el de Carrera, dos personas con el mismo interés, de un lugar tan pequeño y que ambos hayan triunfado…

Si. Es una cosa rara y un privilegio. Soy conciente que a pocos les ha pasado. Justamente le contaba a este muchacho del diario El Diario [diario Pringlense] que hace unos años estuve en Cuba en una reunión y un jóven cubano me dijo que acá los escritores argentinos que más se leían eran Carrera y yo. ¡Los dos chicos de Pringles!

¡Ni pagando podría haber sido mejor! ¿Debe darle mucho gusto no? Mas que justo los dos tengan ciertas similitudes en cuanto a las críticas y sean bienvenidos por igual en lugares como Cuba…

Nosotros hicimos un pacto de chicos de no interferir en nuestros campos: el la poesía, yo el relato. Siempre respetamos nuestros respectivos cotos de caza.

¿Piensa en que él lo va a leer o que alguien puntual va a leer su nuevo libro antes de entregarlo?

Si. Uno siempre piensa que dirá tal o cual pero por lo general es con gente muerta.

Ahora con esto de los e-books y esas cosas que usted mencionó quizás hasta lo estén leyendo en el más allá también.

(risas)

¿Podría establecer un perfil de quien es su lector? ¿Lo conoce o no necesariamente?

No sé. Tal vez me sorprende. Te voy a contar una anécdota que ya he contado que es poco modesta: Una vez yo iba caminando por la calle y me cruza un hombre que me grita “¡Adiós Aira!”. Lo miré pero no pude reconocerlo: Usted no me conoce- me dijo. Yo soy un lector. Un humilde lector.

Entonces me quedé pensando: Humilde lector. Y no es un humilde lector, si me lee a mí es un lector de lujo. No porque yo sea tan bueno, sino porque lo mío es literatura literaria y para llegar a mí hay que hacer todo un camino. No es como leer a Isabel Allende o a Majul, que eso sí que es un humilde lector ya que cualquiera podría entrar a los libros por ahí. En ese sentido lo digo, no porque yo sea mejor.

Me imagino que para su propio ego que alguien lo pare por la calle, considerando que su obra no está tan ligada a su rostro como la de otros escritores que lo reconozcan por la calle implica todo un trabajo y un googleo previo.

(risas)

Te cuento esto porque me vino a la mente ahora que nombramos a Majul y porque vos estás estudiando algo similar:

Una vez me dijo un periodista que ahora está en la revista Barcelona que lo peor que había hecho en su vida de periodista fue salvarle la vida a Majul.

(risas)

¿Cómo era posible? Le pregunté y me contó que hace unos años lo mandaron a hacerle una entrevista. Majul acababa de divorciarse y vivía en un departamentito de un ambiente y lo recibió por la mañana temprano. Cuando entró, Majul salía de ducharse y se notar que había ido con un fotógrafo dijo que antes de sacarse fotos se iba a afeitar. Entonces entró al baño, dejó la puerta semi abierta y este muchacho ve que Majul descalzo, parado en un charco de agua, saca la Philips shave y la va a enchufar. Entonces lo paró.

Y eso que hubiera tenido la nota de su vida…

No termina de arrepentirse, no sólo porque habría liberado al mundo de semejante alimaña, ¡sino porque tenía la primicia! ¡Imaginate la foto cuando se le pararan todos los pelos!

(risas)

Imagino entonces que clase de programas no ve…

Mirá, a esta hora, cuando me sirvo mi whiskycito veo todos esos programas de chimentos de artistas y políticos, que son mas o menos los mismos, ¡toda esa farándula divertida de payasos!

¿El cine le gusta?

Me encanta. Veo muchísimo cine. De hecho librito que escribí en homenaje a un amigo, Miguel López, es sobre películas que veíamos porque éramos fanáticos del cine y aquí se veía muchísimo. Dos cines y de doble programación. Íbamos de película en película a razón de cinco o seis películas por semana. Esa cinefilia me duró muchos años, cuando me fui a Buenos Aires me fui para ver más cine todavía. Las veía todas. Después, pasé muchísimos años sin ir al cine demasiado y ahora ha vuelto el gusto por las salas, en parte por haber sido jurado del BAFICI, y el descubrimiento del DVD que, para mí es el modo perfecto de ver cine. He vuelto a ver todos los clásicos y una o dos películas por día me veo.

¿Le gusta comprar películas?

Tengo una videoteca de un muchacho que está cerca de mi barrio de un muchacho que tiene todo, todos los clásicos, películas rarísimas… asíque me llevo de a diez, de a veinte. Tengo para entretenerme.

¿Le gusta Woody Allen?

Me encanta. Ahora vi una que me gustó mucho: Scoop.

Donde aparece un periodista muerto. Muy divertida. ¿Qué le pareció?

Está bien. Pero mejor, mejor, es otra que se estrenó este año… ¿Cómo es la del viejo…?

Whatever Works, ¡No tiene desperdicio!

Es muy buena. Tiene una escena hermosísima cuando ella vuelve de salir con un muchacho y empieza a decir todo lo que había aprendido del viejo ¡y acaba con lo de la teoría de las cuerdas!

¡Qué aburrido, le gusta todo!- Decía.

A mi me gusta mucho la forma que tiene para interactuar con el espectador. Cuando el personaje le habla a la cámara es incómodamente increíble.

También me gustó Conocerás al hombre de su sueños. Muy buena, ¡todos los personajes son malos! Tarde o temprano todos terminan siéndolo.

Al igual que los Hermanos Cohen que han hecho películas dónde todos los personajes son basura.

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Nos ponemos de pié y emprendemos el rumbo de vuelta al edificio de Aira.

¿Sabía que hay un supermercado chino acá en Pringles? ¿Quiere ir?

No, gracias, Ya he tenido demasiado con ellos.