domingo, 3 de octubre de 2010

Breve ensayo: ¿El arte o la naturaleza? Parte I

 

¿Cuántas veces hemos tenido que escuchar –con verdísima envidia- los viajes de los demás? Bariloche, Madryn, Salta, y más lejos: Yankilandia, Paris, Londres, Bruselas…

Siempre los que vuelven son distintos a los que van. Eso es clarísimo, se convierten en otras personas que llevan el estandarte cultural del lugar que visitaron. Sale de acá un curioso y vuelve un Fanático: Que vos no sabés lo que es el Louvre, que la Torre Eiffel es imponente, que Gaudí es inexplicable: Gracias, eso ya lo sé sin haber cruzado el charco. Después tenés a la que anota el cuadernito de viajes: “Fui al Louvre, ví la Venus de Milo (sin manos, escultura)”. Hay de todo. Habemos de todo.

A mí me pasó con Madryn en una ocasión que quedó detallada en este blog en páginas pasadas.

(Maldición, tenía pensado ponerme mas serio y crítico)

Pero es verdad:

¿Cuantas cosas puede inventar la cabeza de cualquiera caminando por el museo de Picasso en Barcelona? ¿La casa del Greco -un boludo que pintaba-? ¿La Galeria de Bernini? ¿La cúpula de la catedral de Milán –¿Cómo carajo la levantaron?-? ¿El museo de Sherlock Holmes, ahí al 221b de la calle Baker?. La naturaleza ha existido toda la historia de la humanidad como una hoja en blanco. Todo lo que el hombre ha echo sobre ella (y todo ha sido sobre ella) ha sido Cultura. Todo lo que hace el hombre puede resumirse en esa palabra tan fácil de entender pero difícil de definir.

Debe ser increíble. Y es que es tan facil…descartando algunos pasajes en dólares impagables y algunas entradas y trámites, uno puede acceder por medio de sus pies solamente a los mas grandes museos del mundo, estar en los lugares donde estuvieron los grandes representantes de la humanidad, conocer, ver, escuchar y tocar. Sentir un par de cosas.

Siempre tenés al hijo de puta –bendito-maldito- que te muestra los libritos, los folletos y lo peor que te puede pasar: las fotos.

Es increíble quién se va y quién vuelve. Tanto que uno se pregunta si realmente un lugar o un cuadro pueden generar sensaciones tan definidas y fuertes dentro de alguien que lo frecuenta por…¿cuánto? ¿diez minutos?. Seguro que debe ser así.

Vicky Cristina Barcelona -del chiquito Woody Allen- puede ser también un ejemplo bastante gráfico: En esa peli pareciera que la mismísima Barcelona es un personaje de la película y le da tanta o mas participación en la historia que a los protagonistas. Mucha gente visitó Barcelona (y Oviedo) luego de ver esa película. Y llegaron a afirmar, la mayoría, que la Barcelona de Woody Allen (al igual que Manhattan si se quiere) es mucho más hermosa que la real. ¿Que carajo le hizo Barcelona a Woody Allen para engatusarlo, -!para sacarlo de Nueva York-? ¿Qué hizo la obra de Gaudí o el aire de Oviedo para atraparlo? Ni idea.

Pero eso es justamente lo que hace con todos los demás.

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